Cuidao, eh, cuidao

Sólo siete concursantes han sobrevivido al “hurrricane” GHVIP. Cinco mujeres y dos hombres que para mí deberían ya repartirse los 100.000 entre ellos. Habitar ahora la casa de los espejos es un juego de niños. El mérito era llegar hasta aquí, esquivando misiles y atravesando campos de minas sin salir volando por los aires. Sí, vale, ahora Ylenia sigue dando por saco con sus celos, y la Esteban sigue rajando a quien raje el que en ese momento esté a su lado. Pero ¿qué supone soportar esto en comparación con lo que hemos vivido?. Recordemos: Olvido y Belén reprochándose antiguos vicios, Ares emulando el famoso dedo “into the groove” de Olvido, el bullying al que fue somettida la de los Yébenes, los saltos de alegría de Belén al saber que su enemiga era la expulsaba, o el todos contra Coman con remate de Sandro realizando un exorcismo donde este rompió un cristal. “Es el demonio, sólo le faltan las orejas y el rabo” decía el vidente lotero apoyado por Victor Sandobal, concursante cuyas paranoias unas veces hacen mucha gracia, y otras dan mucha pena. Tampoco olvidemos la dictadura de la chonaca de Benidorm sobre Fede, un italiano sin huevos que a día de hoy se tiene que limitar a relacionarse con mujeres a las que jamás se tiraría, o la trampa de Belén que cambió la historia de Gran Hermano. Estas, y un sinfín de situaciones rocambolescas, han hecho que nos relamamos de placer. Porque, aunque no nos guste admitirlo, nos pone mucho más un lío que la armonía que empieza a instalarse en Guadalix. Menos mal que por lo menos Coman ha dejado de coleccionar chaquetitas en su armario y se ha decantado por un bando, luchando así por el amor del pueblo de una manera más coherente. Y a mí, como parte del pueblo, me gustaría decirle a Coman que por apoyarle a él no tengo por qué cargar con Aguasantas, la llorona que agotó sus lágrimas, y que ahora dedica sus días a murmurar por lo bajini por miedo a alzar la voz, o con Angela la Cenicienta, a la que tengo que ver con una copa, o con unos cascos en la cabina del dj, para echarme unas risas. Eso son sólo unas pocas horas de las muchas que tiene el día. De su grupo sólo compro a Chari, por su mirada de perra en celo constante y por el movimiento de su trasero a la velocidad de la luz. Y es que a día de hoy me lo paso mucho mejor obervando al otro bando, el del postureo carpetero máximo liderado por la mujer de las mil caras (en sentido literal) Así que como dirían en la casa “Cuidao, eh, cuidao”.
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